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Detectores térmicos EN 54-5: cuándo elegirlos y qué clase corresponde a cada espacio

Dónde el detector de humo no sirve, qué significan las clases A1, A2, B, C y G, y cómo se decide entre térmico puntual, óptico-térmico y detección lineal.
13 de agosto de 2026 por
Detectores térmicos EN 54-5: cuándo elegirlos y qué clase corresponde a cada espacio
ELECTRONICA MAXIM MIRANDA S.L., Xavier Miranda

Hay espacios donde poner un detector de humo es garantizarse falsas alarmas: un aparcamiento con humos de escape, una cocina industrial, una sala de calderas, un taller con soldadura o polvo en suspensión. Ahí es donde entra la EN 54-5, la parte de la serie que especifica los detectores de calor puntuales, y cuya clase determina a qué temperatura y con qué rapidez actúa cada modelo. Si vienes de nuestra guía general de la UNE-EN 54, esta es la pieza que resuelve una de las decisiones más repetidas de la fase de diseño.

Qué especifica la EN 54-5 y qué no

La EN 54-5 cubre los detectores de calor de tipo puntual: los que responden a la temperatura del aire en el punto donde están instalados. Dentro de ellos hay dos comportamientos que conviene no confundir. El termostático (o de temperatura fija) actúa cuando el ambiente alcanza un umbral determinado. El termovelocimétrico incorpora además una respuesta a la velocidad de subida de temperatura, de modo que se dispara antes si el calentamiento es rápido, aunque no se haya llegado al umbral absoluto. La mayoría de los detectores de calor actuales combinan ambos criterios; la ficha técnica de cada referencia indica cuál aplica.

Lo que la EN 54-5 no cubre: los detectores lineales de calor por cable sensor (que tienen su propia parte de la serie) ni la detección de humo, que corresponde a las partes de producto de detectores ópticos. La diferencia práctica es importante en obra: un cable sensor térmico protege un recorrido —una bandeja de cables, una cinta transportadora, un túnel—, mientras que un detector puntual protege un área alrededor de su posición.

Las clases: qué significan A1, A2, B, C y G

La norma clasifica los detectores de calor por su temperatura de actuación y su comportamiento térmico. En la práctica del instalador, la lógica es esta: las clases de letra inicial más baja (A1, A2) responden a temperaturas más bajas y por tanto antes; a medida que se avanza en la escala (B, C y siguientes hasta G) el umbral es más alto y el detector aguanta más temperatura ambiente sin dispararse.

La consecuencia de diseño es directa: la clase se elige en función de la temperatura ambiente máxima previsible del espacio, no de lo rápido que se quiera detectar. Un detector clase A2 en una cocina industrial o bajo una cubierta metálica expuesta al sol dará falsas alarmas en verano; un detector de clase alta en un almacén templado detectará más tarde de lo necesario. La regla es dejar un margen suficiente entre la temperatura máxima habitual del local y el umbral de la clase elegida, con los valores exactos de cada clase y cada referencia tomados de la ficha técnica del fabricante.

Los sufijos que acompañan a la clase en algunas referencias (por ejemplo la R de respuesta a velocidad de subida, o la S de comportamiento estático) matizan ese comportamiento. Conviene leerlos: dos detectores de la misma clase pueden actuar de forma distinta ante un fuego de crecimiento rápido.

Cuándo elegir térmico y cuándo no

El detector de calor tiene una limitación que hay que tener presente: detecta más tarde que uno de humo, porque el calor necesita acumularse. Por eso no es la primera opción cuando el objetivo es la detección precoz para proteger vidas. Su razón de ser es otra: funcionar donde el detector de humo no puede.

  • Espacios con humos, vapores o polvo en condiciones normales: aparcamientos, cocinas, talleres, salas de calderas, zonas de carga con motores térmicos.
  • Ambientes con temperatura alta o muy variable: con la clase adecuada al máximo previsible.
  • Locales donde el falso positivo tiene coste operativo alto y el riesgo de incendio de crecimiento lento es bajo.

Cuando el espacio no encaja en ninguno de esos casos, la opción por defecto sigue siendo la detección de humo. Y para los casos intermedios existe el detector óptico-térmico, que combina ambas tecnologías en un mismo punto y suele resolver mejor las zonas de transición: pasillos junto a cocinas, vestíbulos con acceso de vehículos, salas técnicas.

Distribución y montaje: lo que cambia respecto al humo

Un detector de calor no cubre la misma superficie que uno de humo: la norma de diseño establece separaciones y superficies máximas menores para los térmicos, y limita más su altura de instalación, porque la estratificación del aire caliente reduce su eficacia en techos altos. Los valores concretos —superficie por detector, distancia máxima y altura límite según clase— están tabulados en la norma de diseño e instalación, y son el motivo de que una zona no se pueda «convertir» de humo a calor sin recalcular el número de puntos. El procedimiento completo de esa fase está en nuestra guía de la UNE-EN 54-14.

Tres detalles de obra que se repiten: respetar la distancia mínima a paredes y a elementos que generen corrientes de aire; no instalar detectores térmicos justo encima de focos de calor puntuales y previsibles (luminarias potentes, salidas de climatización, maquinaria); y comprobar en la puesta en marcha que el modelo instalado es de la clase prevista en proyecto, porque la sustitución por «uno equivalente» en obra es una de las causas habituales de falsas alarmas al primer verano.

Los errores que más se repiten

  • Elegir térmico solo por precio en un espacio donde tocaba humo: se pierde detección precoz donde importaba.
  • Elegir la clase sin comprobar la temperatura máxima real del local, incluida la de verano bajo cubierta.
  • Mantener la distribución del proyecto de humo al cambiar a detectores de calor, sin recalcular puntos.
  • Instalar en techos por encima de la altura admisible para la tecnología.
  • Sustituir referencias en obra por «equivalentes» de otra clase sin volver al proyecto.

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Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre un detector termostático y uno termovelocimétrico?

El termostático actúa al alcanzarse una temperatura umbral; el termovelocimétrico responde además a la velocidad de subida de la temperatura, adelantando la detección ante un calentamiento rápido. Muchos modelos actuales combinan ambos comportamientos: verifica la ficha técnica de cada referencia.

¿Puedo poner un detector de calor en lugar de uno de humo?

Solo cuando el espacio lo justifica —presencia habitual de humos, vapores o polvo, o temperaturas elevadas— y siempre según el proyecto y la normativa aplicable. El detector de calor detecta más tarde que el de humo, y el cambio obliga a recalcular la distribución de puntos.

¿Qué clase de detector térmico elijo?

La que deje margen suficiente sobre la temperatura ambiente máxima previsible del local, incluidas las condiciones de verano. Los umbrales exactos de cada clase y de cada referencia figuran en la documentación del fabricante.

¿La EN 54-5 cubre los cables sensores lineales de calor?

No. La EN 54-5 especifica detectores de calor de tipo puntual; la detección lineal por cable sensor corresponde a otra parte de la serie EN 54 y responde a un planteamiento distinto: protege recorridos, no áreas.

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